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ÉTICA Y ECONOMÍA: POR UN MUNDO MENOS DESIGUAL Y MÁS JUSTO EN SOCIEDAD

 

“El sistema económico que domina en el mundo actual

 no hace más que forzar a la gran mayoría de la humanidad 

a vivir con indignidad y pobreza. Además amenaza

 todas las formas de vida, incluso la vida misma.”

 Manfred Max-Neef (2011. Pág 5)

Vivimos en un mundo donde es más importante tener la razón, acumular títulos universitarios, propiedades y consumir en exceso. Todo esto es considerado como símbolo de éxito social y personal.

Donde luchamos cada día por conseguir satisfacer nuestros deseos cueste lo que cueste, donde todo debe ser inmediato y eficiente.

Un mundo donde no nos preguntamos de dónde viene lo que consumimos, cómo se produjo, quién lo produjo, a qué costo, ni el impacto social o medioambiental de su producción.

Leemos en las noticias que desaparecen personas y que a otras las asesinan víctimas de violencia e intolerancia y, seguimos como si nada.  

Naturalizamos la violencia, la delincuencia, la pobreza y la explotación en todas sus formas. 

Estamos acostumbrados a caminar por la calle y ver a gente pidiendo, sin techo, descalza, sin nada para comer y los miramos como parte del “paisaje”.

Escuchamos a diario cómo la naturaleza es destrozada por las grandes explotaciones industriales, tecnológicas y mineras que buscan “maximizar sus beneficios” y somos una vez más indiferentes.

 Cada vez más granjas de minerías de criptomonedas con su consumo excesivo de electricidad contribuyen al calentamiento global y otra vez, “nada”.

Narcotráfico, corrupción estatal y privada, comercialización y trata de personas, desastres naturales, desigualdad, miseria, muerte y nuevamente indiferencia.

Hay mucho más por mencionar. Estos son solo ejemplos que vienen a mi cabeza. 

Al mismo tiempo vienen a mi mente preguntas: ¿Esto también es economía? o mejor dicho ¿Todo lo mencionado previamente tiene algo que ver con la economía? A primera vista algunos de los horrores que relaté están relacionados directamente a la economía y otros de forma más indirecta; pero en definitiva “todo tiene que ver con todo” como lo menciona la profesora Natacha en reiteradas oportunidades en los lineamientos.

El hecho de que vivamos en un mundo tan egoísta, individualista e indiferente no es casualidad. Es producto de un sistema económico y social perverso. De una ruta que decidimos navegar hace muchos años (Siguiendo a Manfred Max-Neef) y que solo unos pocos nos estamos deteniendo a re-pensar o cuestionar.

Estamos tan acostumbrados como sociedad a navegar con este “mapa” que confundimos dicho mapa con el territorio mismo (lo que es, cómo es, lo que debería o podría ser, la ruta misma con la infinita posibilidad de caminos a recorrer).

No existe una única forma de pensar la realidad, como no existe una única forma de vivir y relacionarnos entre nosotros y con el medio que habitamos. Parafraseando a J.H.Chang, no hay tampoco una única forma de hacer y entender la economía.

Para empezar a plantear soluciones coherentes que mejoren la realidad en que vivimos es esencial que volvamos al origen de los planteos, que deconstruyamos todo lo que vemos, lo que hacemos, cómo lo vemos, sentimos, pensamos y hacemos.

Es necesario entender de una vez y por todas que no está bien lo que está pasando en el mundo ni cómo estamos viviendo.

¿Cómo puedo dormir, comer y vivir tranquila cuando sé que hay otras personas que no tienen para comer o dónde dormir?; ¿Cómo podemos naturalizar los altos ingresos de los políticos, empresarios, famosos o corredores de bolsa entre otros cuando hay gente que trabaja todo el día, todos los días,en condiciones inhumanas por monedas que apenas alcanzan para comer?.

 ¿Cómo podemos pasar al lado de personas sin techo tiradas en la calle y pensar que no hicieron lo “suficiente” para tener un hogar o que “nunca se preocuparon por crecer o salir adelante”? Como nos hicieron creer los fervientes discípulos de este modelo capitalista salvaje.

¿Por qué naturalizamos que existan tantos millones de personas desplazadas del sistema y sin oportunidades?.

¿Por qué no denunciamos los intereses que hay detrás de los incendios de los bosques nativos de nuestro país? Y si lo hacemos, ¿Por qué no nos escuchan quienes sí pueden hacer algo para prevenirlos?, ¿Por qué pareciera que todo queda en la nada misma? ¿Por que ya no son tapa de ningún diario? 

¿Por qué no cuestionamos a los grandes grupos empresarios por las tan mal llamadas “externalidades negativas”?.

¿Por qué aceptamos que empresas industriales contaminen el ambiente siempre y cuando (Como sucede por ejemplo en Bahía Blanca/Ingeniero White  con las empresas petroleras) contribuyan con alguna obra o impuesto para saldar el impacto negativo que generan en el ambiente? ¿Por qué lo permitimos? ¿Realmente revierte el impacto social y medioambiental negativo generado? ¿Alcanza con esas compensaciones? ¿No sería mejor buscar otras formas alternativas de producir que no generen contaminación ambiental?.

Para Annett “El paradigma económico dominante enfrenta una crisis de legitimidad” (2018 Pág 54). Para mí es la humanidad la que está enfrentando una crisis de ética y moral. Ya no se trata solo de un paradigma económico. Se trata de ser humanos, de la supervivencia de la especie humana, de otras especies y del planeta tierra en su conjunto. No creo que sea solo un problema de falta de ética en la economía, que por cierto existe, es muy grave y creo que es el origen de muchos de estos males.

Considero, muy de acuerdo con Manfred Max Neef, que el problema está en que aceptamos “verdades absolutas” provenientes de los economistas y otros profesionales de ciencias económicas sin cuestionarlos, dando por hecho todo lo que propone este sistema perverso como si no existieran otras alternativas.

La clave está en “desenmascarar a la economía”, quitarle la apariencia de ciencia exacta y dogmática y devolverle el “rostro humano”, el planteo filosófico, el pensamiento crítico y la pluralidad de voces que comulguen en función de buscar el bien común.

Partiendo de la idea actual de la persona individualista y egoísta, tenemos el deber ético y moral para con nosotros, con la sociedad en la que vivimos, con el medio ambiente y con la posteridad, de deconstruirnos y volver a construirnos como seres sociales. 

Necesitamos los unos de los otros y esto quedó clarísimo con la pandemia del COVID-19. Hace más de un año que estamos tratando de entender qué pasó, cómo llegamos a esto y cómo podemos salir.

La respuesta una vez más está en nosotros, como comunidad, todos juntos unidos para el mismo objetivo que no puede ser otro que el bien común. “Yo soy por que tu eres” o “Ubuntu” como cuenta Manfred en el video. Esa es la salida: Pensar como comunidad.

¿Qué rol debemos jugar nosotros al respecto como estudiantes, docentes e investigadores universitarios?.

Contribuir con planteos críticos, repensar y comprender lo que sabemos, cómo lo sabemos y para qué lo sabemos construyendo desde la pluralidad soluciones integrales para el bien común. 

Pensarnos como economistas sociales o profesionales económicos sociales, como parte de una comunidad que nos necesita y a la que necesitamos.

Como dice Annett, “Debemos volver a situar la reflexión ética en el centro del razonamiento económico [y de todas las disciplinas a mi criterio], a centrar el diseño de políticas en el bien común y a integrar la educación ética en los programas de economía y de administración de empresas” [para mi debería incorporarse en todos los programas de estudios de todas las carreras] (Annett, 2018, p. 56)      



BIBLIOGRAFÍA

   

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