Todo negocio, sin importar su tamaño, debería planificar estratégicamente de manera periódica, controlando y corrigiendo desvíos para poder mejorar continuamente y alcanzar sus objetivos.
¿A qué hago referencia con los términos de “planificación estratégica”? Para entenderlo mejor necesitamos partir desde la idea de negocio.
Cuando comenzamos un emprendimiento, tenemos en mente una idea de algo que queremos hacer para ganar dinero siendo nuestros propios jefes y manejando nuestros tiempos. Eso a nivel general, pero en la mayoría de los casos, no sólo nos motiva generar un nuevo y/o mayor ingreso. Si no que también tenemos sueños, metas, ideales, talentos que queremos desarrollar, proyectos de vida que nos gustaría experimentar. Y es precisamente ahí cuando surge la razón de ser de nuestro negocio.
La misión de una empresa, por pequeña que sea, es el conjunto de objetivos, actividades y metas que componen la razón de ser de la misma. Es decir, responde a la pregunta del ¿Qué actividades realizo?, ¿Para qué?, ¿Con qué fin?, ¿A quiénes va dirigido todo mi esfuerzo?, ¿Cuál es mi público objetivo?, ¿Qué quiero lograr con las actividades económicas que estoy realizando?
Pensar mi emprendimiento en función de mi misión me permitirá conocer mejor la razón de ser como empresa y visualizar hacia dónde quiero ir. Qué metas en un futuro cercano o lejano quiero alcanzar (también conocida como “visión”) y cuáles son los valores que van a caracterizar el negocio serán la brújula u horizonte.
Ahora bien, teniendo en claro qué hacemos y hacia dónde vamos, lo que sigue es profundizar un poco más en el análisis de cómo estamos en este momento en función de nuestras metas, misión y valores. Y aquí aparece en juego el análisis FODA. Es decir, llevar a cabo una introspección hacia el interior de la empresa, y hacer un listado de todas las fortalezas y puntos débiles que encontramos en relación a la actividad, el producto, los recursos económicos, materiales, locación, capital humano, tecnologías, canales de distribución, promoción del producto o servicio, etc, etc. Ésto nos dará un diagnóstico de cómo estamos ahora.
Luego la idea es pensar en relación al entorno de la empresa, la situación económica de la ciudad, región, país, el mercado objetivo, todas las otras variables (oportunidades y amenazas) que, a diferencia de nuestras fortalezas y debilidades, están fuera de nuestro control directo o alcance. Es decir todo aquello que no podemos controlar.
Para terminar el análisis FODA, vamos a armar un cuadro o matriz con las variables internas y externas del negocio para idear estrategias que tiendan a reducir amenazas, riesgos o peligros para la organización, corregir debilidades, y aprovechar las oportunidades que detectamos haciendo uso de nuestras fortalezas.
A partir de aquí enumeraremos objetivos que queremos cumplir a largo y mediano plazo, y los caminos que recorreremos para alcanzarlos. Cada estrategia estará compuesta por acciones concretas que permitirán alcanzar las metas propuestas. Y los objetivos que plantearemos deberán seguir la lógica del método SMART esto es específicos, medibles, alcanzables, posibles, relevantes y con tiempo limitado (no pueden ser eternos).
Retomando la idea inicial, la planificación estratégica consiste justamente en entender cómo funciona nuestro negocio, conocer su historia y trayectoria, saber aprovechar las fortalezas y oportunidades, reducir las posibles amenazas, mejorar los puntos débiles, poder trazar un camino con metas claras y eficientes, acciones concretas y sobre todo ir corrigiendo a medida que detectamos desvíos de los mismos.
De esta forma, aprenderemos de nuestros errores sacando mucho más provecho a las características positivas de nuestro negocio, y en el largo plazo alcanzaremos el éxito sostenido en el tiempo.
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